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La ley de Murphy y el billar

En ocasiones parece que una fuerza sobrenatural mueve las bolas a su antojo. Unas veces para favorecerte y otras para perjudicarte. Es cuestión de dinámicas. Cuando estás en una racha positiva, los retruques te favorecen, entras bola de saque sin apenas esfuerzo y siempre quedas en el ángulo de tiro bueno: todo sale bien; pero cuando entras en la negativa, te tapas, te pasas de fuerza o la dejas embocada: todo parece torcerse. Tal vez resulta que Murphy (el de la ley, no el del snooker), también era billarista. En el post de hoy hablamos de supersticiones, desgracias e infortunios billarísticos. Siempre con una sonrisa, claro.

Efren Bata Reyes billar

“Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Esa es la máxima de la famosa Ley de Murphy que inventó el señor Edward A. Murphy Jr. Y muchas veces parece cobrar sentido cuando se trata de jugar al billar.

Cuando no quieres enfrentarte a tal jugador, te toca en el ko directo.

Cuando piensas que vas a perder el partido, lo pierdes.

Cuando crees que vas a fallar porque alguien acaba de pasar por delante, fallas.

La ley de Murphy ataca en dos momentos billarísticos clave:

1- Cuando entras en una espiral de negatividad

Ya sea porque vas perdiendo en el marcador, porque has fallado alguna bola fácil, porque no te entra bola de saque o porque te da la impresión de que el rival tiene una flor en el culo. Ahí es donde el señor Murphy se siente más cómodo y saca a pasear su famosa ley. Te “jode” a ti y “ayuda” a tu contrincante.

2- Cuando te despistas

Porque subestimas un bola o una colocación (pensando que es fácil), porque piensas que la partida ya está hecha o porque te concentras más en el público que en la mesa. Esos pequeños despistes también le encantan a Murphy y los aprovecha para pillarte desprevenido. Por eso te amagas en el lugar más remoto, fallas la bola infallable o, simplemente quedas recto cuando necesitabas un poco de ángulo para buscar el siguiente tiro.

Como decía al principio, la ley de Murphy aplicada al billar tiene mucho que ver con las dinámicas. Es decir, en estar en la cresta de la ola o bajo de ella, bebiendo agua salada. Si estás arriba, Murphy es tu aliado; si estás abajo, tu enemigo. En cualquier caso, nunca se separa de ti. Es como aquél jugador comodín que siempre va con el equipo que ataca, o sea que siempre jode a los que defienden.

La teoría de Murphy es puro negativismo, una forma de ver el mundo desde el vaso medio vacío, un retrato de nuestra sociedad pesimista. No hay una fórmula que pruebe la ley, pero la gente se la cree. Y, sin saberlo, sus pensamientos negativos generan los resultados negativos.  

Porque Murphy, en el fondo, está en tu cabeza.

Porque Murphy, en el fondo, eres tú.